Aumentando la familia.

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Me siento como si otro hijo tuviese. Mi primer hijo adoptivo es ese castillo que tanto quiero. He visto y he estudiado como crecía desde el siglo XVI hasta nuestros tiempos. Las etapas de crecimiento, esplendor y reconstrucción; toda esa historia la he aprendido recopilando datos de militares, historiadores, familiares y descendientes de militares y como no… de las gentes de los alrededores que me han contado con detalle todo lo que dentro del Castillo sucedía. Lo he hecho muy mío. Me siento parte de él, como si saliese de mis entrañas. Lo quiero como a un hijo.

Es curioso que cada recurso turístico que guío, siento que forma parte de mí, así que puedo decir que he dado a luz a otro hijo. Esta vez ha sido un parto fácil, rápido y sin dolor, sin esfuerzo… incluso diría que placentero. En este caso es un Monasterio y vienen dos, son mellizos, anexo a una iglesia. Todo este conjunto, se llama Monasterio de San Martiño de Xuvia, mas conocido como Mosteiro do Couto.

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Por una parte tenemos la Iglesia que es del Siglo XII y por otra el Monasterio que es anterior, Siglo X (fecha en la que aparecen los primeros documentos), pero es posible o se cree que es anterior, del Siglo IX. Este lugar, es el inicio de la peregrinación a San Andrés de Teixido y parada obligada del Camino Inglés que comienza en el Muelle de Curuxeiras de Ferrol.

La Iglesia tiene un estilo románico donde destacan sus tres ábsides, sus tres naves, los pilares y los capiteles con diferentes formas y variedades decorativas. Llama también la atención sus retablos barrocos, el cual uno de ellos tiene concedido un privilegio del año 1748 en el que Benedicto XIV concede al retablo indulto perpétuo de altar privilegiado que consiste en que cualquier misa o celebración que en él se celebre posee mayor perdón o indulgencia y concede a la Iglesia el derecho de Iglesia refugio el cual lleva consigo el derecho de Asilo. Este privilegio favorecía a ciertos delincuentes que se acogían o refugiaban en el edificio con lo cual ya nadie podía agredirles, prenderles o sacarles de allí por la fuerza. El prior o superior de la Iglesia en el Monasterio podía retener bajo su amparo o custodia al delincuente refugiado y sólo estaba obligado a entregarlo cuando precedía de previa formal y pública promesa de que el interesado y el supuesto culpable no podría ser mutilado ni condenado a muerte por las autoridades estatales. No podían disfrutar de este privilegio de asilo o refugio, los asesinos, los adúlteros y los falsificadores de moneda… vaya comparación no…!!! Asesinos con adúlteros…..???. Hoy en día….. Recibían en el mismo lugar alimentos y cobijo con carácter completamente gratuito.

Una parte importante de este Monasterio son sus antiguas cocinas donde surge la Leyenda del Pimiento de O Couto.

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Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo llegó al monasterio de O Couto, o de San Martiño de Xuvía, un visitante ilustre a quien el señor prior agasajó con unas pantagruélicas comilonas a base de los mejores productos de nuestras huertas. Pero ocurrió que en una de estas comilonas (un guiso al parecer) había unos pimientos de infernal picor que, claro, contrariaron bastante al distinguido visitante.

La tristeza y preocupación del prior era tanta que soñó que San Martiño le decía que invitase de nuevo al personaje y que le hiciese de nuevo el guiso, que en esta ocasión no picarían.

Los pimientos de O Couto no pican por intercesión del santo, aunque hay quien afirma que el bueno del prior se dedicó los años siguientes a estudiar las variedades de los pimientos y cruzarlas entre si hasta que, por fin, dio con los pimientos que no picaban.

Estos dos personajes son: por una parte el Prior Felipe Colmenero (Se cree que fué el primer Historiador de Galicia) y por otra parte el ilustre invitado era el Padre Sarmiento muy importante para nuestra tierra ya que fué un gran defensor de la lengua gallega. Hay constancia de su estancia en dos ocasiones en el Monasterio ya que venía hacer la peregrinación a San Andrés de Teixido y de paso poder ver a su amigo Felipe.

Que cada uno piense lo que quiera. Sea el santo o sea la genética, lo importante del asunto es que los pimientos de O Couto son los que no pican.